Bien dotada la capital, Oviedo, de edificios palatinos y
religiosos, Alfonso III los complementó con la recoleta fuente pública de La Foncalada, única
conservada de la Alta Edad Media en la España cristiana. El resto de sus iniciativas constructivas
ponen de manifiesto clara voluntad descentralizadora, ya que se encuentran en Villaviciosa (el
monasterio de San Salvador de Valdediós, San Andrés de Bedriñana y San Salvador de Priesca), en
Salas (San Martín de la Villa), en Colunga (Santiago de Gobiendes) y en Santo Adriano (Santo
Adriano de Tuñón). Parece que originariamente la totalidad de las paredes interiores de estos
templos estuvieron cubiertas de pinturas; en algún caso se han encontrado restos suficientes de las
mismas como para permitir su completa reconstrucción. Seis de las quince construcciones
prerrománicas asturianas aún conservadas han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la
UNESCO: fuente de La Foncalada, San Julián de los Prados, Santa María del Naranco, San Miguel de
Lillo, Santa Cristina de Lena y la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo.
