
Desde los años 9.000 a los 4.000 a.C., se desarrollará un proceso de sedentarización, compartido con una economía de caza, en el que nuevos factores mítico-religiosos se harán presentes. Es el periodo de los grandes campos tumulares o de enterramientos. Hasta hoy en día se han reconocido cerca de 700 túmulos por toda Asturias. Necrópolis en las que cada túmulo encierra una sepultura dentro de una construcción dolménica; como, por ejemplo, el dolmen de Merillés en Tineo, los de Monte Areo en Carreño o el de la ermita de la Santa Cruz en Cangas de Onís.
Al finalizar las guerras cántabras entre los astures y la Roma Imperial en el año 19 a.C., el actual territorio de Asturias quedaría bajo el dominio invasor. La romanización de estos combativos pueblos fue muy lenta y superficial, puesto que los intereses del Imperio estaban basados, casi exclusivamente, en la explotación de las importantísimas reservas de oro existentes en el occidente asturiano. Será en el centro de Asturias, en los verdes valles costeros, donde la romanización adquiere un carácter más unificador, concentrándose en las villae, como unidades de explotación agropecuaria, y originando, en algunos casos, auténticos núcleos urbanos.